D.nz.r.nkd.n.d.s

Primera idea: Música y movimiento: realidades autónomas

Cada una de las realidades -gestos en el espacio y sonidos en el tiempo- tenía para ellos su propia autonomía, pues negaba cualquier principio jerárquico que pudiera hacer mandar unas sobre otras.

Danzar encadenados. Texto de Antonio Juárez.

Puede que esta frase sea introductoria, pero es algo que desde la primera vez que la leí me llamó mucho la atención porque me recordaba al característico sonido de campanas que había monopolizado la música que hemos estado escuchando estas últimas clases. Y me di cuenta de que sí, la música y los gestos en el espacios eran algo totalmente autónomos.

Para mí, al menos, ninguno mandaba sobre el otro. Puede que sí, que se relacionaran e influyeran levemente. Según lo que comentamos, para mis compañeros fue así, pero para mí no tanto en realidad. La música de campanas acompañaba mis movimientos, pero no los determinaba, no conscientemente ni mucho menos. Y, claro está, mis movimientos no condicionaban de ningún modo el sonido de las campanas (ya grabado).

Para mí la música te ayudaba a entrar en esa especie de fabuloso estado en el que tu cuerpo tomaba consciencia de si mismo y se movía por el espacio. Pero el cuerpo se movía como él creía que debía moverse. En mi cabeza, el ritmo de las campanadas no estaba presente como un ritmo pautado que guiara mi danza.

Segunda idea: contradicción de la danza encadenada: libertad y limites

Más allá de las limitadas condiciones físicas de los cuerpos y de la materia, de la luz y la gravedad, y por encima de las restricciones que un encargo trae consigo, Balthasar sugería que el arquitecto no puede sino iniciar una danza, encadenado, pero danza al fin y al cabo. La arqui- tectura se insinúa aquí como un intento de liberación de las estrechas condiciones funcionales y constructivas para abrirse paso a una dimensión mayor, la de la mano abierta de Le Corbusier, ofrenda que los humanos hacen a los dioses.

Danzar encadenados. Texto de Antonio Juárez.

Como me encantaría volar. Como me encantaría que mi pierna tocara la cabeza mientras me mantengo de pie, que tanto mis partes intimas como mis dos pies apoyasen sobre el suelo al mismo tiempo, que mis pies se mantuvieran en el aire mientras que mi cabello cae por la gravedad y mis manos levitan del suelo. Pero, no es posible. Muchas de estas cosas no son posibles porque mis habilidades físicas no llegan a tanto, otras porque existe una fuerza de la gravedad que me lo impide. Sin embargo, fue en lo primero en lo que pensé cuando leí estas líneas.

Creo que quizás esta no es una de las relaciones más fuertes el texto con nuestras actividades, pero desde luego es una que me ha llamado mucho la atención y algo, que personalmente, me parece interesante de comentar.

Vivimos en un mundo con limitaciones físicas, eso lo sabemos todos. Cuando hoy nos movíamos nuestra mano no podía alcanzar los tres metros y que nuestro cuerpo la siguiera, pero, de todas formas, la mano podía intentarlo.

Buscamos una liberación de nuestro cuerpo en unos límites ya establecidos. Pero, podemos usar estas condiciones a nuestro favor del mismo modo. Aprovechar la caída, la gravedad para volver a subir implica menos esfuerzo físico, además de una mejor continuación del movimiento. Como cuando caía nuestra cadera y el cuerpo, doblándose seguía el movimiento para volver a la vertical.

Juagábamos con esto también al hacer equilibrios, encontrando esos momentos de estabilidad lo más inestables posibles. Con esa libertad condicionada.

Llegó un punto que éramos libres para movernos y combinar los movimientos, pero al mismo tiempo atendíamos a una serie de conceptos previos que debían darse, aunque ya sucedieran sin pensarlos y limitados por fuerzas ajenas a nosotros, pero que sufrimos, así que no son tan ajenas, a fin de cuentas.

En este aspecto, ya con nuestros cuerpos comenzábamos a entender, a experimentar esas limitaciones que tendrán nuestros edificios. Podemos, entonces, relacionar nuestros cuerpos con una arquitectura móvil que sufre del mismo modo que cualquier edificio y que está condicionada por aspectos similares. ¿No?

NOTA: Quiero añadir, de forma externa a este texto, que cuando escribo este tipo de entradas, mis dedos no consiguen alcanzar la velocidad de mis pensamientos y mi cabeza, así que es posible que algunos razonamientos, argumentos, o frases estén algo incompletas y también que se me hayan olvidado por el camino comentarios interesantes que otros posteriores hayan eclipsado. Si volvieran, los iré añadiendo donde correspondan.

2 comentarios en “D.nz.r.nkd.n.d.s”

  1. Pues sí, en el juego de similitudes enter esto y lo otro… sí, sentir en el cuerpo lo que le ocurre al edificio, al edificio mientras es proyectado, en la cabeza y la mano, pero también después con los demás condicionantes: materiales, presupuesto, etc… Lo bueno es que sentimos que ese proceso es fisico, es real, es manipulable, maleable… lo que hablábamos el otro día, mientras proyectamos las líneas de la arquitectura no están quietas, están bailando y componiéndose, están fluyendo…

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