TS 9 | Ficciones

DISTOPÍA

Era muy extraño encontrar flores en un lugar que hacía tantos años había estado totalmente repleto de ellas. Sin embargo, encontró una. Una solitaria y triste flor que surgía de la basura y le recordaba a Clara. Una lágrima recorrió lentamente su mejilla. Le recordaba a cómo fue engullida por el vertedero. Su mano esquelética se abalanzó sobre ella. Sus uñas largas y mugrientas arrancaron el tallo sin piedad y se llevó la flor a la boca. Con los dientes que le quedaban, la masticó y la hizo desaparecer. 

Le empezó a escocer la pierna, no era ni la primera vez, ni la única parte de su cuerpo. Los piojos en su cabeza y las cucarachas se cruzaban entre los dedos de sus pies. Pero lo de la pierna no era un insecto. Le habían empezado a crecer bultos de pus desde el tobillo hasta la mitad del gemelo. 

Sabía lo que le iba a ocurrir. Ya lo había vivido antes. 

Siguió andando resignada y avistó un color rojo intenso a unos pocos metros, se acercó y allí encontró un cuaderno. Llevaba más de 15 años sin leer, pero las mujeres del piso dicen que eso no se suele olvidar y tenían razón. Aquel cuaderno era un diario, el diario en el que una joven, había escrito sobre cómo empezó todo…

 * * * 

Mi piso de Aluche, Madrid. 20 de enero 2021. Parece limpio. Está limpio. Pero mis ojos ven gérmenes en todas partes. He usado la sábana sólamente un día y mi casa está totalmente impoluta. Es improbable. Es imposible que esta sábana esté contaminada, pero de todas formas, abro el cubo de la basura, la tiro y rasgo la siguiente bolsa de plástico con una sábana nueva. 

En la televisión lo decían, en twitter; #úsalolimpio, en la radio, era peligroso tener mucho tiempo un mismo objeto, podría acabar teniendo el virus y no teníamos forma de comprobarlo. Todo era muy barato. Cuando aún la cuarentena era estricta, empezamos a comprar por internet. Yo estaba un poco en contra, no me parecía bien que los repartidores estuvieran por ahí, mientras todos estábamos encerrados en casa. Pero mis compañeros de piso insistieron, y al final cedí. 

El confinamiento se relajó y empezamos a salir a la calle (no sin nuestras mascarillas y nuestros trajes desechables). Había máquinas expendedoras a la vuelta de cada esquina con grandes carteles luminosos #úsalolimpio que tenían sabanas de usar y tirar, muebles, cepillos de dientes de un solo uso, alfombras desechables, ropa para unas pocas horas… 

Ahora mi obsesión no para de crecer. Compro objetos nuevos todo el rato, todos los días, a todas horas. Es cierto que en gran parte es por miedo al contagio, pero si te soy sincera, la verdad es que lo necesito, compro por ansiedad, compro porque me siento sola, compro porque es la única solución. Y porque dicen que nos hará felices. 

Ronda de Atocha, Madrid. 31 de marzo 2023. El hedor que desprenden las calles de Madrid es insoportable. Una mezcla entre huevos podridos, heces, plástico quemado y miedo. Lo impregna todo, y aunque empezó hace meses, no para de crecer. Pensaba que había un tope para la intensidad de esta peste, pero esto me demuestra que puede seguir oliendo infinitamente peor y nunca terminar. 

La verdad es que usar esas mierdas desechables no nos salvó. Los contenedores se desbordaron rápido cuando la huelga de basureros comenzó. 

Su trabajo se había vuelto tan esencial y tan pocas personas querían hacerlo, que sus jornadas laborales tuvieron que incrementarse a más de 12 horas para que pudieran dar servicio a toda la ciudad. El vertedero de Valdemingómez no aguantaba más, las 15 nuevas incineradoras que se habían construido en los últimos años funcionaban las 24 horas del día y por encima de sus capacidades. Normal que todo acabará desmoronándose.

Calle Fuencarral, Madrid. 15 de Octubre 2023. La vida ha cambiado mucho, no hablo demasiado con nadie, parece como si a pesar de que el confinamiento terminase hace años, seguimos manteniendo las distancias.

Ahora camino por Fuencarral. Las tiendas, abarrotadas los últimos años, están todas cerradas. El abastecimiento se ha ido reduciendo hasta llegar a 0. En la ciudad hay mucha intranquilidad. Hay basura por todas partes. El aire es cada vez más difícil de respirar. Este invierno no ha nevado en la sierra.  El año pasado cayó algo, pero ahora ya nada. El río manzanares está totalmente seco. Algunos grupos previsores han empezado a cavar pozos para sacar el agua fósil bajo el suelo de Madrid. Pero los líquidos malolientes de la basura se filtran por la tierra y también la contaminan. 

Piso de Legazpi, Madrid. 18 de Mayo de 2024. No soporto más esta situación, pero me da miedo salir de Madrid, ellos dicen que fuera las cosas están peor. Una vez intenté andar hacia la periferia, pero al ir alejándome, cada vez me sentía más observada. El miedo me hizo retroceder. Tenía conocidas de las que habían abusado al alejarse demasiado. Aunque la verdad es que dentro una no siempre  se libra.

Piso de Legazpi, Madrid. 22 de febrero 2025. Hace cinco años, estaríamos llorando en un tanatorio, dando nuestro pésame, recibiendolo, o viendo cómo descendía lentamente un ataúd en un hoyo. Hoy, estoy sentada en un polvoriento sofá, viendo como un gato temeroso se apoya en el alféizar de la ventana y un perro se mueve por todo el salón agitado y nervioso. Huele a su dueño. No sabe que espera a alguien que no volverá. 

En la cocina, varias mujeres se aseguran de que no se desperdicie nada de la comida. En estos tiempos, un muslo, una costilla, una rodilla, una oreja, unos labios, unos ojos, unos testículos y un pene, todo alimenta, todo sirve.

Piso de Legazpi, Madrid. 6 abril de 2025. Estamos todas muy débiles, mucho más que ellos. Paloma estudió medicina y dice que es porque tenemos más tejido adiposo y bioacumulamos más toxinas. Hemos quedado relegadas al entorno doméstico. Dicen que es para protegernos, que no estemos tan expuestas a los contaminantes y que no gastemos tanta energía. Pero es mentira, esa mierda está por todas partes, está en el aire que respiramos, está en el agua que bebemos, está en las alimañas que nos comemos y en los cuerpos que honramos. Por eso sé que solo es una excusa para tenernos controladas.

Éramos imprescindibles, sin embargo. Sí, estábamos bajo control, pero al fin y al cabo fue Rosa Menéndez quién pensó que el calor que emana de la basura podría ser usado como fuente de energía y fue la primera en instaurar los centros energéticos. Sin mujeres no habrían conseguido nada y de todas formas, aquí estámos, controladas, en casa.

Parque del Retiro, Madrid. 22 de junio 2025. A veces, por suerte, salimos a dar pequeños y cortos paseos. A mi me encanta acercarme al Retiro, me ayuda a recordar tiempos antiguos, cuando todo era totalmente distinto. Parece mentira que solo hayan pasado cinco años.

 * * * 

Tras casi 10 años sin llorar, las lágrimas comenzaron a brotar descontroladas de sus ojos. Aquel era el cuaderno que había perdido hacía más de 15 años. 


FICCION ECOSOCIAL (Utopía)

Tenía la ropa llena de manchas moradas y rasguños en los brazos. Zoe había vuelto a jugar entre las zarzas. Joel le regañó, jugar estaba muy bien pero no había que desperdiciar los recursos del bosque comestible del distrito Arganzuela de esa manera. 

Joel asintió y se fue corriendo de nuevo, rumbo al piso. Ese mismo día, Ana le había contado que antes, la gente de Madrid no sabía cultivar ni hacer fermentos, ni compostar, ni crear sus propias medicinas, que se pasaban el día sentados delante de pantallas en oficinas a cambio de unos números en unas cuentas, que también salían en pantallas, y servían para comprar comida, pagar los lugares donde dormían, el agua que bebían y con el que se lavaban, la electricidad que les daba calor y luz y alimentaba las pantallas.

Había visto a su padre escribir en un cuaderno, y le entró mucha curiosidad. Nunca había sido de los niños que husmeaban, pero Joel era el más mayor de sus padres, así que seguro que había vivido muchos años en ese extraño mundo que Ana le había descrito, y si era así, debía haber constancia en su cuaderno. 

Fue fácil de encontrar, estaba en un cajón de la mesilla de la zona común, lo abrió por la primera página y empezó a leer:

 * * * 

Mi piso de la Chopera, Madrid. 6 de abril 2020. Joder, vaya mierda. Sabía que esto no estaba siendo fácil para nadie, pero… ¿despedirme? ¿en serio? Y además en medio de una situación así. Todas mis cosas siguen aún en la oficina. Mi taza favorita se quedará esperando indefinidamente, como mi contrato.

Me toca pagar el alquiler en dos semanas, con mi sueldo, ya me había restringido de muchos pequeños lujos que antes me daba. Solo me queda volver a encerrarme en mi habitación a hacer nada, la más absoluta nada. 

Todo me da miedo. ¿Y ahora qué hago? ya no era sólo el despido, era todo. Si me rescinden el contrato de alquiler no tengo dónde ir. Siento que me ahogo, otro ataque de ansiedad. ¿Cómo voy a encontrar un nuevo empleo en medio de un confinamiento? 

Me cuesta respirar, este piso es enano, necesito salir y que me dé el aire, pero hay policías por todas partes. Qué horror…

Mi piso de la Chopera, Madrid. 29 abril 2020. Ya llevo semanas con la misma rutina. Veo pasar las horas tumbado en el sofá, comiendo patatas y mirando el móvil, de red social en red social: Instagram, Twitter, Facebook… Aprovecho tener que bajar la basura para estirar las piernas. Uno de esos días de salir del portal, encontré varias pintadas en las paredes, “Únete”  firmado por la Asociación vecinal de La Chopera. Fue algo impulsivo, pero les contacté y me uní. 

Allí, compartimos nuestras vivencias y nuestros sentires. Los que llevan mucho tiempo en la asociación, nos mandan charlas y conferencias de relevantes activistas como Yayo Herrero o Jorge Riechmann que hablan sobre la crisis ecosocial y sobre cómo el virus está agravando los conflictos preexistentes.

Esto ha empezado a darle mucho sentido a lo que estaba experimentando. He comprendido que no estoy solo, y que lo personal es político.

Comunidad de La Chopera. 18 de Mayo 2020. Las cosas fueron avanzando y la cooperación creció. Aquellos que disponían de algún dinero extra o comida de sobra, los donaban a la comunidad. No duró demasiado. El trabajo era cada vez más escaso y sin apenas excedentes. Todo tenía que empezar a evolucionar. 

Hoy he estado en la primera asamblea vecinal presencial en la azotea. He visto a muchos de mis vecinos. Gente a la que apenas conocía y que no esperaba para nada ver aquí. Primero ha hablado Clara. Ella era activista antes de la crisis sanitaria. Nos ha contado que estuvo con extinction rebellion; tiene mucho contacto con redes ya formadas que se están reforzando con esta situación.

Nos ha enseñado lenguaje asambleario. Y luego, aunque para la mayoría era la primera vez y nos daba mucha vergüenza hablar en público, todos hemos participado y expuesto nuestros pensamientos. Echaba mucho de menos ver a las personas cara a cara. Pese a ser aún desconocidos, creo que se van a formar vínculos muy sólidos con estas personas. Me apetece abrazar a todo el mundo, pero aún es mejor mantener la distancia de seguridad.

Se han compartido propuestas de cara al futuro. Estamos todos muy comprometidos y creemos que pueden salir cosas muy bonitas de aquí. Sabemos que esto también está ocurriendo en muchos barrios, en muchos bloques de vecinos. 

Ya hemos contactado con varios centros sociales y otras asociaciones de los alrededores. Los portavoces de cada bloque van comunicando los avances en asambleas digitales de los portavoces de la Chopera.

Comunidad de la Chopera. 28 julio 2020. Hoy Clara y yo vamos a trabajar todo el dia en el huerto de la azotea. El abastecimiento externo es bastante reducido y con lo que dan los cultivos tampoco tenemos demasiado pero vamos tirando. El estado de alarma cesó hace un par de meses así que estamos empezando a gestionar cosas todos juntos. Las asambleas de las asociaciones ya son todas presenciales, las hacemos en edificios okupados que pertenecen a especuladoras urbanísticas que han abandonado Madrid por la desaparición del turismo. 

Escuchamos a los pájaros piar en los árboles del paseo. Me encanta ver como la cigüeña hace su nido en nuestra antena. Antes solo estaban en la periferia, pero ahora que ya no hay ruido de coches ni tanta contaminación lumínica, muchas especies de animales han regresado a la ciudad.

Comunidad de la Chopera. 15 octubre 2020. La cercanía humana ha vuelto, ya no tememos el contacto.

Esta pandemia nos ha hecho entender lo frágiles que somos, y lo importantes que son los cuidados.

Chamartín. 20 de Enero 2021. Este mes soy el portavoz del distrito Arganzuela.

He ido a la asamblea de gestión de la nueva central eléctrica que se está construyendo en distritos financieros que llevan sin estar en uso demasiados meses. 

Algunos ingenieros y científicos de Madrid, pensaron que sería necesario. Este invierno estamos pasando mucho frío, la energía termosolar y las pequeñas instalaciones eólicas en las azoteas de cada barrio, no han sido suficiente para suplir las necesidades energéticas. Algunas personas mayores de nuestra comunidad no han aguantado las bajas temperaturas.

Este lugar es bastante hostil en sí mismo. Lo odiaba cuando tenía que venir a trabajar. Las rachas de viento que generan los edificios en altura lo hacen un lugar inhabitable, pero perfecto para llenar las fachadas de turbinas que captan la energía del viento.

No es nada comparado con la energía que utilizábamos antes. La adaptación está siendo difícil para todos. Pero así no repetiremos los errores ya cometidos y aprenderemos a vivir mejor con menos.

Comunidad de La Chopera. 15 octubre 2022. Hoy me he despertado con el primer rayo de sol. La rutina, tal y como la conocíamos hace un par de años, realmente ya no existe. Digamos que los horarios se han vuelto… orgánicos. No más noches en vela en la oficina. Trabajamos en la gestión de nuestra propia vida, así que a pesar de que muchas veces hacemos trabajo físico bastante duro, al final es muy revitalizante saber que uno participa en este proyecto tan bonito que se está generando. Tenemos bastante tiempo para las relaciones sociales, para los cuidados, para seguir aprendiendo…

Se trabaja cuando hace falta, si es necesario, desde que sale el sol hasta que se pone y se compensa el esfuerzo con soles y lunas de descanso. Trabajamos en distintos campos y nos vamos especializando o cambiando dependiendo de las necesidades de la comunidad y de nuestras preferencias. Pero sobretodo en el cultivo. Todos los lugares ociosos; descampados, azoteas, parques, cerros y alrededores, están siendo cultivados con sistemas de agricultura regenerativa y bosques comestibles, fomentando la biodiversidad.

Esta última luna, he estado participando en la gestión de la planta de compost de barrio. Lucía y Julián, dos compañeros del grupo de afinidad están conmigo. Me encanta pasar tiempo con ellos en la planta. De ella emana un calor muy agradable. Está empezando a hacer frío en Madrid. Lucia me empuja dentro y me cae compost en la cara. La agarro del brazo y la tiro conmigo. Acabamos los tres a carcajadas sobre toda esa materia orgánica que nos ayuda a dar vida a todas las especies vegetales que cultivamos y nos aseguran la subsistencia.

Comunidad de La Chopera. 21 diciembre 2023. Ha sido una transición muy dura, ha habido bastantes momentos de conflictos y hemos pasado hambre. Pero las cosas empiezan a estar encauzadas y aún creo que pueden mejorar mucho. Todavía quedan barrios que no se han unido a la transición  y personas que se negaron a mancharse las manos de tierra o a tomar las riendas de su vida y ejercer la verdadera democracia. Siguen esperando a un rey o a un presidente que tome decisiones por ellos. Pero las redes de poder están cayendo. Y todos saben que después del corte de abastecimiento, la única forma de continuar es con la cooperación ciudadana. No podemos esperar a que nadie nos salve. Durante la era de la energía, la clase política y las empresas nos demostraron que no podíamos dejar nuestra vida en sus manos. Porque para ellos solo éramos peones, recursos humanos a los que explotar para que la rueda siguiera girando un poco más. 

Por lo menos cuando vieron que todo se desmoronaba, nos dejaron continuar con las iniciativas ciudadanas. Tal vez pensaban que así estábamos entretenidos. Pero el tiempo ha demostrado que esto es algo mucho más grande.

Chamberí, Madrid. 22 junio 2025. Faltaba poco para que el sol se escondiera entre los edificios. Estos días de atrás, después de largas jornadas de trabajo, Julián y yo íbamos a dar un paseo por el antiguo centro de Madrid. Venía siendo ya una especie de tradición, algo que hacíamos a menudo porque nos hacía sentir bien y nos relajaba. Eran unos paseos tranquilos y silenciosos, en los que las palabras a ratos abundaban y llegaban a formar discusiones, y a ratos simplemente no existían, no hacían falta. Sin embargo, el paseo de hoy era distinto: teníamos un destino fijado. 

Las casas de siglos pasados, que guardaban una historia que parecía más lejana de lo habitual, distante… Me hacían recordar los paseos que daba por esta misma zona hace seis años y lo extremadamente diferentes que eran.

Tras recorrer varias calles, llegamos al centro de conservación y fermentación de alimentos de chamberí. La fachada seguía pareciéndose a la original: el teatro de la Abadía, pero su interior tenía una función completamente distinta. 

Julián y yo habíamos venido a aprender. Todas las zonas tenían uno de estos centros y la Abadía tenía fama de funcionar mejor que ninguno. Esperábamos poder llevarnos alguna idea para La Chopera.

Era ya tarde y Marta, tras hacernos un breve tour por la instalación, nos guió a la hospedería y, junto a 48 personas más, dormimos. Al día siguiente teníamos mucho que aprender.

 * * * 

Zoe paró de leer porque ya no entraba casi luz por la ventana y no quería malgastar la electricidad, además seguramente quedaría poco para que Joel volviera de su Jornada en el bosque comestible de Arganzuela. Ya seguiría al día siguiente, ahora tocaba dormir.

Última actualización en la historia: 15 abril 2020

3 comentarios en “TS 9 | Ficciones”

  1. Olé esa capacidad de regeneración! … hay pasajes bien frescos, lo he leído rápido, merece que lo lea con más tranquilidad. Solo me preguntaba cómo tocamos ese año 2040… es más un diario escrito, y no tanto un recuerdo…

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